Misas de Gestación y Lactancia en Marìa |
La Santa Eucaristía es considerada un tesoro de la Iglesia, la oración perfecta instituida por Jesús, pues en ella se vive el perdón de los propios pecados, la reconciliación, la adoración y alabanza, el descanso de las almas de los difuntos. En la misa el tiempo y el espacio se diluyen y el cielo se abre para brindar la mayor gracia, bendición y don al recibir a Nuestro Señor Jesucristo que se ofrece como sacrificio vivo y santo por cada uno de nosotros.
Como parte de nuestro ITINERARIO ESPIRITUAL desde el 25 de marzo en la Solemnidad de la Anunciación Participamos en lasmisas de gestación y lactancia en María todos los(25) veinticinco de cada mes, en la Parroquia de San Jorge (Dirección: Calle 82 nº 36 -30/ Bogotá, Colombia)
Esta Eucaristía es el culmen de la consagración al Inmaculado Corazón de María.
Al participar en la Eucaristía debemos invitar a que sea la Santísima Virgen María quien recibe por nosotros y en nosotros a Jesús, diciendo antes del Santo sacrificio y de una manera especial mientras vamos en procesión para recibir la comunión: Madre María se tú recibiendo a tu hijo santísimo en mí.
RAZONES DEL CAMINO DE LA GESTACIÓN EN MARÍA (Tomado de Gestación en María, Maternidad de la Iglesia – Fray Antonio del Niño Jesús O.F.M.R.)
PRIMERA RAZÓN
El concilio Vaticano II, en su constitución Sacrosanctum Concillium, pone de manifiesto la riqueza que envuelve el misterio de Cristo celebrado en la liturgia de la Iglesia, encaminándonos en el conocimiento del Hijo para llegar a su plenitud (Ef 4, 12-13). De ahí el gran interés en reflexionar y descubrir la riqueza que envuelve los nueve meses comprendidos entre el 25 de marzo y el 25 de diciembre como periodo de la gestación de Cristo en cada uno de nosotros, nueve meses que representan a la vez la Gestación de Cristo en todo el tiempo de la Iglesia.
La Tertio MilleniumAdveniente, haciendo referencia a Gálatas 4, 4 nos dice que con la venida de Cristo a la tierra, “se inicia el tiempo de la Iglesia que durará hasta la Parusía”. La Iglesia, por tanto, en su sabiduría, que es la sabiduría del Santo Espíritu de Dios, hace presente en el tiempo del Señor, para llenarnos de la gracia de la salvación, un periodo, que si bien, en su mayor parte comprende al tiempo ordinario, es tiempo de gracia y bendición, correspondiendo a la gestación del Señor, aún hoy, ya que la Iglesia es Cuerpo Místico de Cristo, una sola realidad en el Cristo único y total.
Así como nuestra Santa Madre Iglesia coloca los misterios de la Pasión y Muerte del Señor al final del camino cuaresmal, el misterio de Pentecostés a los cincuenta días de la Pascua, de igual manera coloca la Natividad del Señor a los nueve meses luego de la Anunciación del misterio de la Encarnación; lo que parece indicar que es un período gestatorio para la Iglesia y no un tiempo caprichoso, pues de ser algo meramente simbólico, hubiese dejado cualquier fecha no importando la separación de nueve meses entre el misterio de la Encarnación (25 de marzo) y el de la Natividad (25 de diciembre). La pregunta que el Señor nos hace a nosotros hijos de la Iglesia sería entonces, ¿qué estamos haciendo con esta riqueza y poder santificador que la madre Iglesia nos ofrece en todo este tiempo correspondiente, al estado de gravidez de María, a la gestación del Señor?
SEGUNDA RAZÓN
Nos encontramos en la puerta del siglo XXI, la humanidad entera comienza una nueva etapa de su existencia y pareciera que avanza hacia su destrucción, sin un futuro para nuestros hijos.
Pero no todo está perdido, la Iglesia aunque imperfecta en su parte humana ha cumplido y está cumpliendo su deber. El Espíritu Santo la guía, Jesucristo la acompaña todos los días como lo prometió a Pedro y a los apóstoles (Mt 28, 20), así los hermanos separados nieguen que esta promesa del Señor se sigue cumpliendo. Hay mucha bondad en el mundo, mucha es la nobleza en los corazones e infinitamente mayor es el bien que abrigan los hombres en lo más profundo de su ser, en casi la totalidad de los hombres de la tierra, e incluso hasta en los más alejados de Dios. ¡Conocí, que todo lo que Dios hace, dura por siempre! (Eclesiastés 3,14).
Pero, entonces, ¿qué es lo que ocurre? ¿Por qué la maldad cobra más y más fuerza? ¿Por qué la mentira y el error cogen más adeptos? ¿Por qué la sociedad se hunde en la injusticia y el pecado? ¿Por qué la Iglesia incluso, pierde confianza en muchos de sus hijos que van a terminar en el engaño y la mentira? Y, ¿por qué después de más de 2000 años de haberse encarnado el Verbo de Dios, el amor y la piedad, en la naturaleza humana, las cosas parecieran seguir igual o hasta peor, a pesar del hecho de haber sido evangelizados?
Si es cierto que no todo está perdido, también es cierto que no todo anda bien. A pesar de que cada día surgen en la Iglesia experiencias carismáticas que le han dado gran vitalidad, de los esfuerzos ingentes del Santo Padre y de las experiencias actuales de la Iglesia respecto a una nueva evangelización, sigue reinando en el mundo la impiedad, el desamor, el odio y la violencia.
TERCERA RAZÓN
Dejar en claro que la maternidad de María se da en la maternidad de nuestra santa madre Iglesia, por cuanto, que ambas son una sola maternidad, inseparables entre si (Hb. 4,12), del mismo modo que no se podría interpretar al hombre como solo cuerpo, o como solo alma, por ser el hombre en sí, una unidad de alma y cuerpo: así María realizaría su maternidad acompañando a sus hijos en la Iglesia de una manera discreta en la vida personal e íntima de cada uno de ellos y la realizaría a su vez acompañando a la Iglesia y a sus hijos en su realidad visible, en la estructura sacramental de la Iglesia: los sacramentos, los signos, las palabras, los elementos o materia utilizada para significar los diversos sacramentos, etc.; podríamos también decir, así como Jesús es el mismo Cristo, María es la misma Iglesia, por lo que podríamos deducir que jamás podremos llegar a un verdadero amor a la Iglesia si verdaderamente no amamos a María como Madre de la Iglesia.
¿La Virgen María llegaría a olvidar alguna vez la fecha de la Encarnación del Hijo de Dios en su vida, o sea el día de la Anunciación? ¿Lo que fue a María este día, no es acaso para nosotros en la Iglesia el mismo día de nuestro bautismo?
CUARTA RAZÓN
Dejar junto con las meditaciones y enseñanzas contenidas en el libro “Gestación en María, Maternidad de la Iglesia”, unas sencillas prácticas de piedad (por cuanto todo es de la práctica común de la Iglesia), con miras a llevar a plenitud nuestro ser de bautizados en la Iglesia, que nos ayuden a experimentar de un modo más auténtico la maternidad de María y con el fin de suscitar una mayor y más auténtica experiencia de Cristo en nuestra vida, en el seno de nuestra madre Iglesia Católica.
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