Cenáculos |
“La Iglesia necesita de una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y en la tibieza…esperamos un “Nuevo Pentecostés” que nos libre de la fatiga, la desilusión, la acomodación del ambiente, una venida del Espíritu que renueve nuestra alegría y nuestra esperanza…Por eso, se volverá imperioso asegurar cálidos espacios de oración comunitaria que alimenten el fuego del ardor incontenible y hagan posible un atractivo testimonio de unidad para que el mundo crea”. Documento de Aparecida V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en el numeral 362
María Santísima, ha sido llamada por la Iglesia, y de una forma particular por San Francisco de Asís, "esposa del Espíritu Santo". Entonces quien más que la Virgen María, esposa del Espíritu es a quien le corresponde preparar el nuevo Pentecostés de la Iglesia. Su intercesión maternal es indispensable porque “¡Necesitamos un Nuevo Pentecostés! ¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de `sentido´, de verdad y amor, de alegría y de esperanza! No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos, sino urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte que vivimos a diario no tiene la última palabra…”(Documento Aparecida – numeral 548)
¿QUÉ SON LOS CENÁCULOS?
La palabra Cenáculo nos recuerda el lugar donde Jesús se reunió con sus discípulos para la última cena y es el sitio de Jerusaléndonde María se unió con los discípulos después de la muerte y resurrección de Jesús para esperar la venida del Espíritu Santo.A imitación de ellos nos unimos en torno a la Santísima Virgen María mediante el Cenáculo para:
Su Corazón es el cenáculo permanente en donde el Espíritu Santo se derrama para formar en los corazones de los hombres la imagen del Verbo Encarnado. "Dios Espíritu Santo, se hizo fecundo en María, su Esposa. Con Ella, en Ella y de Ella produjo a su obra maestra, que es un Dios hecho hombre, y produce todos los días, hasta el fin del mundo, en los miembros de su cuerpo místico, a hijos de Dios, semejantes al Único Hijo. Por ello, cuanto más encuentra a María, su querida e indisoluble Esposa, en una alma, tanto más poderoso y dinámico se muestra el Espíritu Santo para producir a Jesucristo en esa alma y a ésta en Jesucristo. (San Luis de Montfort)
“Espíritu Divino, renueva tus maravillas en ésta nuestra era como si fuera un nuevo Pentecostés, y concede que tu Iglesia, orando perseverantemente e insistentemente con un solo corazón y mente junto con María, la Madre de Jesús, y guiados por Pedro, promueva el reinado del Divino Salvador, el reino de justicia, de amor y de paz. ¡“Junto con María”! Juan XXIII
PROMESAS DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA PARA LOS CENÁCULOS (Padre Gobbi)
La Virgen Santísimapide que hagamos cenáculos, ya que, a través del acto de consagración que hacemos al final, entramos en su Corazón Inmaculado, para prepararnos allí a recibir el Espíritu de Amor, el Espíritu Santo.
¿CÓMO ES POSIBLE QUE LOS APÓSTOLES ESTUVIESEN ESPERANDO LA PROMESA DEL ESPÍRITU? CUANDO UNA PROMESA MÁS SIGNIFICATIVA PARA ELLOS, QUE ERA LA PROMESA DE LA RESURRECCIÓN…¡NO LA CREYERON!
Ciertamente es muy probable que los Apóstoles no tuvieran la convicción para esperar el Espíritu; pero la Santísima Virgen, esposa del Espíritu, sí tenía la certeza de la promesa de su Hijo. Ella sí aguardaba su cumplimiento. María aguardaba por todo el colegio apostólico el cumplimiento de la promesa del Espíritu. Esto permite colocar una de las bases fundamentales para un verdadero cenáculo: Esperar en la espera de María, o lo que podría ser igual; esperar en la Fe de María.
Esto hace pensar que si algún miembro de un cenáculo espera el cumplimiento de La Promesa, pero su espera es fruto de su propia convicción y no es la convicción y esperanza de la Santísima Virgen María, por la consagración a Ella; esta sería una Fe supremamente débil. De tal manera puede decirse que no habría el terreno verdadero para el nuevo Pentecostés.
ESPÍRITU DEL CENÁCULO
"El Santo Rosario nos transporta místicamente a Nazareth, en donde la Santísima Virgen María continua con el crecimiento del cuerpo místico de su Hijo, con igual diligencia " (SS. Juan Pablo II)
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