Consagración |
CONSAGRACIÓN
Toda consagración es un regalo de Dios (don gratuito), que inicia por obra suya y por obra suya se concluye, porque sólo él puede vencer la inercia de nuestra naturaleza humana y elevarnos o su vida divina.
El vocablo "consagrar" no tiene el mismo significado cuando se dice que Dios nos consagra (o sea, nos transforma) que cuando hablamos de CONSAGRARNOS (acoger libremente y vivir ardientemente esto gracia de Dios). Esta cooperación libre es decisiva e indispensable. Es lo mayor libertad. Consagración también significa pertenencia total "Me consagro como esclavo de Amor". Totalmente contraria a cualquier tipo de esclavitud vivida actualmente, sometidos por las economías globales y por aquellos que manejan los medios en el mundo.
Consagrarse a Dios Creador no significa alienarse, sino reconocer la verdad: nuestra condición de criaturas, pues a Dios se lo debemos todo, incluido la existencia y la misma libertad, que él crea justamente como libertad capaz de unirse o Él y decidirse por el bien. Significa descubrir la verdad más profunda y la fuente misma de nuestra libertad, tan a menudo dominada por las ilusiones terrenas. Significo encontrar el camino de la única felicidad que vale la pena en este mundo y que conduce a la eternidad feliz. Es compartir la misma libertad de Dios... Dios mismo ha dado a la Virgen María un lugar inigualable en el plan de la redención...
Para el hombre existe uno sola consagración: el Bautismo. A través de este sacramento Dios nos consagra a Él imprimiendo en nosotros un carácter indeleble.
La consagración a María o mediante María significa abrirse activa y generosamente o la consagración de Dios, para que la consagración gratuitamente dada por Dios se haga recíproca. Que pase de inerte a viviente; de votiva a efectiva: que penetre toda nuestra vida. Su objetivo es el de realizar más perfectamente la consagración del Bautismo.
Dios no hace nada en nosotros sin nosotros. Nos consagra sólo si se lo pedimos, con nuestro consentimiento y nuestra cooperación. Dios ha hecho todo (como Causa primera, creadora), pero nos llama o hacer todo con Él, a nuestro nivel, como causa segunda, libre y necesaria. La obra de nuestra consagración, donada enteramente por Él, es enteramente desarrollada por nosotros, por nuestra libertad (Texto basado en Consagración a María: riesgos y sentido, Giuseppe Damillni, En revisto Madre di Dio, No 5, Milán, San Paolo, mayo de 2002. Traducción por Jesús Álvarez y Benito Spoletini)
La Consagración a Jesús por María es: “la perfecta renovación de la promesas del Santo Bautismo”, cuando renunciamos a Satanás y nos decidimos por Dios al hacernos hijos suyos. Es una renovación voluntaria y consciente en la que recurrimos a María por nuestra indignidad de pecadores, para no presentarnos solos y directamente ante Jesucristo; y para que Ella nos enseñe a amarle y para que nos guíe, alimente y proteja como sus hijos y “Esclavos de Amor”.
Para cumplir con esta doctrina de Esclavitud de Amor, rogamos y meditamos vivir "EN MARÍA", en sus virtudes, en sus méritos y en su intercesión para ir a Jesús, a Dios. Por ejemplo: Si debo lavar ropa, no irme con mis brazos y mis piernas, en mi soberbia, si no decir: ¿Cómo lo harías Tú, mamita María?, usa mis manos y mis piernas para hacer este oficio cumpliendo la voluntad de Dios… Obedecer en la cotidianidad a la Santísima Virgen, estar unidos a Ella con nuestra mente, corazón y voluntad y conducirse en todo por su Espíritu que es el Espíritu de Dios. Una vida de abandono y confianza.
Viviremos también “PARA MARÍA”, para Ella como fin universal subordinado a Jesús, a Dios; supremo y fin último de nuestra vida. Para conocerla, amarla, honrarla, defenderla y difundir la devoción a Ella.
Nuestra Señora nos trae un llamado a su misión:
La misión para su Triunfo. Esta misión comienza con nuestra Consagración a su Inmaculado Corazón; de esta manera nosotros respondemos al llamado de santidad y a la búsqueda de paz dentro de nosotros mismos y en el mundo entero.
Debemos comenzar por darnos cuenta que este es un llamado a una conversión personal, que envuelve nuestra propia alma y corazón, que permite a Dios obrar en nosotros y por medio de nosotros.
El acto de Consagración es exactamente lo que Nuestra Señora ha dicho: un acto. El acto de Consagración unirá nuestros corazones con el de Ella hacia su Hijo a través de una gracia especialmente creada.
Nuestra Señora nos recuerda cual es el propósito de la Consagración. La Consagración encierra la promesa del alma de ser poseída por Ella y por medio de Ella por Dios, por el Espíritu Santo. Como Ella permanece como la esposa del Espíritu Santo, todo le es dado por Dios y de este modo, nuestros corazones también están prometidos a Dios por medio de nuestra Consagración a Ella.
Como el propósito entero de Nuestra Señora es llevar a todos los corazones a su Hijo, Ella en efecto, está recogiendo todas las almas para Él.
En el Acto de Consagración, por medio de la gracia divina, nuestro corazón es intercambiado por el corazón de Nuestra Señora y entonces nuestras almas son purificadas y sanadas por medio de una reconciliación enfocada hacia Dios. Cuando el alma llega a unirse con Nuestra Señora, el deseo de imitarla a Ella se convierte en el propósito de esta unión.
El corazón es elevado al nivel de pureza necesaria para que corresponda con la imitación de Nuestra Señora y así llegar a la atmósfera Espiritual necesaria para que pueda ocurrir el intercambio de corazones. En esta invitación, nuestro corazón es atraído por la fuerza del deseo para que pueda encontrarse al otro lado con Dios para el intercambio. El Acto de Consagración es una comunión Espiritual con Jesús a través del Corazón de Nuestra Señora.
MODELOS DE CONSAGRACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
CONSAGRACIÓN PARA LA TRIUNFANTE VICTORIA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
En este despertar del amanecer de tu Triunfo, Yo, tu hijo, unido en la respuesta a tu llamado maternal, hago mi promesa de consagración a tu Inmaculado Corazón, participando así en tu Triunfo.
Te ruego, querida Madre, que me lleves en tus manos maternales para ser presentado a Dios Padre en el Cielo y ser así escogido y colocado al servicio de tu Hijo en forma especial, al aceptar los sacrificios del Triunfo de tu Inmaculado Corazón.
En este solemne acto yo me consagro a tu Inmaculado Corazón. Yo, como tu hijo, te ofrezco mi SÍ al unísono con el tuyo propio; te ruego que sea fortificado y permanezca fuerte hasta el final de esta batalla por la culminación de las promesas que hiciste en Fátima: la conversión de Rusia, la tierra de tu más grande victoria, y por medio de la cual vendrá la conversión del mundo entero y el reinado de la paz global.
Reina de los Apóstoles, Corredentora, guíame en medio de la oscuridad de este tiempo, en el que los rayos de tu amanecer vienen a dar luz a mi horizonte. Con el refugio de tu Inmaculado Corazón como mi faro, mándame a los campos de batalla con tu espada de la verdad y con la coraza de la virtud, para ser su reflejo. Con este acto de consagración quiero vivir contigo, por medio de Ti, todos los compromisos asumidos en mi consagración bautismal.
Me comprometo a realizar en mí la conversión interior requerida por el evangelio, que me libre de todo apego a mí mismo, de los fáciles compromisos con el mundo, para estar como Tú, sólo disponible para hacer siempre la voluntad del Padre. Quiero confiarte, Madre dulcísima y misericordiosa, mi existencia y vocación cristiana, para que Tú dispongas de ella para tus designios de salvación en esta hora decisiva que pesa sobre el mundo.
Me comprometo a vivirla según tus deseos, con un renovado espíritu de oración y de penitencia; con la participación fervorosa en la celebración de la Eucaristía y en el apostolado, me comprometo a rezar el Rosario diariamente; me comprometo a un austero modo de vida conforme al Evangelio y me comprometo a ser un buen ejemplo para los demás en la observancia de la ley de Dios, en el ejercicio de las virtudes cristianas y en especial de la caridad, la humildad y la pureza de la infinita misericordia y amor de Dios Padre.
Te prometo, Madre mía, la fidelidad a nuestro Santo Padre el Papa como el divino representante de Cristo entre nosotros. Que esta Consagración le dé a Él la unidad de nuestros corazones, mentes y almas: llevar a una realidad el Triunfo de Tu Inmaculado Corazón, para que pueda descender sobre la tierra bajo su pontificado.
Como un apóstol de tu Triunfo, te prometo, Madre, ser testigo de la divina presencia de tu Hijo en la Sagrada Eucaristía, la fuerza unificante de tu poderoso ejército. Que encuentre convicción, confianza en el único centro de unidad que es el Santísimo Sacramento. «Quesea creada por Él en mí un alma de perfección». Ruego que Su reflejo brille sobre todo el mundo y sobre todos los hombres. Oh Santísima Virgen de Pureza, Mediadora de todas las gracias celestiales, habita en mi corazón, trae contigo a tu Esposo, el Espíritu Santo; así mi consagración será fructífera por medio de los regalos, gracias y dones infundidos por Su llegada. Con el poder de Su presencia permaneceré firme en confianza, fuerte y persistente en la oración y entregado en total abandono a Dios Padre.
Que el Espíritu Santo se manifieste sobre el mundo como un murmullo de oraciones a través de la unión de corazones.
Yo, (N.N), tu hijo(a), en presencia de todos los ángeles de tu Triunfo, de todos los Santos del Cielo y en unión con la Santa Madre Iglesia, renuevo en las manos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, los votos de mi Bautismo.
Te ofrezco, querida Madre, todo mi pasado, mi presente y mi futuro, las alegrías y las tristezas, las oraciones y los sacrificios, todo lo que soy y todo lo que tengo y todo lo que el Padre moldeará en mí.
Te doy, Madre, mi amor y compromiso para que siempre estemos unidos en el SÍ de la eternidad y en las profundidades de tu Triunfante Inmaculado Corazón. Colócame en tu Corazón Inmaculado y cúbreme con tu manto. Amén
CONSAGRACIÓN DESDE EL VIENTRE MATERNO
María, como un embrión que se va gestando en el vientre de su madre, me vengo a colocar en tu vientre bendito en un acto de amor y de obediencia a la Voluntad del Padre, mi Señor Jesús, que me dice: “hijo ahí tienes a tu madre”.
Con este fin te consagro cada uno de mis órganos, miembros, sentidos y potencias: el entendimiento, la memoria y la voluntad, el inconsciente y subconsciente. Te consagro cada uno de los dones, virtudes y carismas con que el Padre creador ha adornado mi ser: mi libertad, mi imaginación, mis instintos, mi capacidad para amar y para elegir, mi capacidad de movimiento, los tiempos y espacios en que transcurrirá mi existencia.
Te consagro todo lo que ha de ser mi niñez, mi adolescencia, mi juventud y mi madurez. Aprenda a caminar de tu mano hacia Dios. Aprenda a reír; a encontrar el conocimiento y el sentido de una lágrima; aprenda en Ti a triunfar y fracasar; a esperar, a escuchar y respirar; a mirar y gustar y así no caer en el desorden y esclavitud de los sentidos.
Crezca, crezca, pero no yo, sino tu Hijo bendito en mí, para que todo mi ser vaya creciendo igualmente en la fe, la esperanza y la caridad, en amor hacia mi Padre Celestial; hacia mis padres en la tierra, comprendiéndolos, respetándolos desde su propia historia. Crezca en amor hacia todos mis hermanos en el mundo, en especial hacia los más pobres y desamparados.
Crezca en mi tu pureza, tu castidad y tu virginidad. Hazme crecer en la justicia, la sabiduría y la prudencia para ser un joven y más tarde un hombre verdaderamente libre, verdaderamente feliz, no una víctima de los vicios, idolatrías y esclavitudes... de la muerte en vida. Mi condición futura: soltería, matrimonio, viudez o vida consagrada, de estudiante, trabajador, profesional o ama de casa, sea vivida en perfecta armonía con mi Padre del Cielo, no haciendo idolatrías de ninguno de estos estados de vida, como tampoco de los dones, gracias y carismas que Dios a través de Ti vaya desarrollando en mí.
Haz crecer también en mí el amor y el deseo que tuviste en el hacer siempre la Voluntad del Padre, al igual, que en la fortaleza para aceptar de Dios no solo los bienes, sino también los “males” (cf. Job 1, 21; 2,10), y la sabiduría para entender que no son males, porque un Padre no quiere el mal para sus hijos.
Y por último Madre, coloco en tu corazón inmaculado mi vejez. Enséñame a envejecer; a vivir con ánimo seguro y confiado este bello momento de la vida, como Tú lo viviste, confiando en el Padre, no en los hombres o en las dificultades de la vejez; y si alguna vicisitud surgiera en ella, poderla afrontar con entereza de ánimo, como un digno Hijo de Dios, como un verdadero Hijo tuyo, con espíritu de oblación y sacrificio, de Eucaristía, como tu amado Hijo, mi Jesús; y no sea yo, sino Él en mí.
Y junto a la vejez, te consagro también a mi hermana la muerte corporal. Sea ella una continua experiencia de vida en Cristo, un morir para vivir. Y en el último suspiro, sea tu Hijo Jesús, su cuerpo místico expirando en mí, muriendo en mí a todo lo que NO SEA DE DIOS. Y en ese bello momento seas Tú dándome a luz para la vida eterna, para la Nueva Jerusalén, para el abrazo final del Padre.
En fin Madre, que mi experiencia de vida cristiana sea un hundir mis raíces en Ti, respirar en Ti: Tierra Nueva, para que entrelazadas mis raíces a tus raíces, tus propias virtudes, pueda obtener de Ti el fruto bendito de tu vientre: Jesús. Amén, Amén.
ACTO DE CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA (Movimiento Sacerdotal Mariano)
Virgen de Fátima, Madre de misericordia, Reina del Cielo y de la tierra, refugio de pecadores, nosotros adhiriéndonos al movimiento Mariano, nos consagramos de modo especialísimo a tu Corazón Inmaculado.
Con este acto de consagración queremos vivir contigo y por medio de Ti todos los compromisos asumidos con nuestra consagración bautismal. Nos comprometemos además, a realizar en nosotros aquella interior conversión tan requerida por el Evangelio, que nos libre de todo apego a nosotros mismos y a los fáciles compromisos con el mundo, para estar como Tú, dispuestos a cumplir siempre la sola Voluntad del Padre.
Y mientras nos disponemos a confiarte, Madre dulcísima y misericordiosa, nuestra existencia y vocación cristiana, para que Tú dispongas de ella para tus planes de salvación en esta hora decisiva que pesa sobre el mundo; nos comprometemos a vivirla según Tus deseos, particularmente en todo lo que concierne a un renovado espíritu de oración y penitencia, a la participación fervorosa en la celebración de la Eucaristía y al apostolado, al rezo diario del Santo Rosario y un austero modo de vida conforme al Evangelio, que sirva a todos de buen ejemplo en la observancia de la Ley de Dios y en el ejercicio de las virtudes cristianas, especialmente de la pureza.
Te prometemos también estar unidos al Santo Padre, a la jerarquía y a nuestros sacerdotes, para oponer así una barrera al proceso de oposición al Magisterio que amenaza los fundamentos mismos de la Iglesia.
Bajo tu protección queremos ser también los apóstoles de esta hoy tan necesaria unidad de oración y de amor con el Papa, para quien te suplicamos una protección especial.
Finalmente te prometemos conducir a las almas con las que entremos en contacto, a una renovada devoción hacia Ti.
Conscientes que el ateísmo ha hecho naufragar en la fe a un gran número de fieles, que la desacralización ha entrado en el Templo Santo de Dios, que el mal y el pecado invaden cada vez más el mundo, osamos alzar confiados los ojos a Ti, Madre de Jesús y Madre nuestra Misericordiosa y Poderosa, e invocarte también hoy y esperar de Ti la salvación para todos tus hijos, Oh clemente, Oh piadosa, Oh dulce Virgen María.
CONSAGRACIÓN EN EL CORAZON DE MARÍA (Oración para cada mañana)
Hoy me levanto en el corazón de María, me despierto en el vientre de mi Madre, en la fuerza de su divina maternidad, y con Ella confieso que no hay más que un único Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Hoy me levanto con la coraza de María y con Ella confieso que solo de Dios es el poder, el Honor y la Gloria: el poder que todo lo sostiene y que todo lo renueva, el Honor concedido a las obras de mis manos, y la Gloria que resplandece en cada una de sus obras y criaturas.
Hoy me levanto con la fuerza de María para pisotear alacranes, escorpiones y dragones; para con Ella emprender y levantar.
Hoy me despierto en la maternidad de María, para con Ella agradecer y alabar, suplicar y esperar; para con Ella respirar y caminar, amar y servir; para con Ella pensar y obrar, y en Ella abrazar al gusano, el pájaro y la flor, el tiempo y el espacio, el verano y el invierno, la capacidad y la incapacidad.
Madre, en tu fuerza hoy me despierto, revestido con tu coraza invencible, armado con el poder del nombre de Jesucristo, el nombre sobre todo nombre, dado a la tierra por la fuerza de tu maternidad y a quien se ha dado la victoria, el honor y el poder, la gloria y la alabanza. Amén, Amén. Aleluya.
PARA CONSAGRAR EL DÍA A CADA MAÑANA (otros modelos):
Oh Señora mía, Oh Madre mía, yo me ofrezco enteramente a Ti, y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra todo mi ser; ya que soy todo tuyo, Oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como hijo tuyo que soy.
O bien:
¡Oh María! Tú sabes que yo no soy capaz de confiar por mí mismo, por eso te pido Madre mía: Tú en mí y por mí, reconoce toda mi miseria; Tú misma decídete en mí y por mí hacer un acto de confianza en Dios y pídele misericordia. Toma en posesión mi corazón y haz con él lo que quieras. Yo no veo en mí, buena voluntad, pero Tú misma Señora mía, sé en mí, buena voluntad. Tú misma transforma mi vida y la vida de aquellos a quienes abrazo con mi súplica de la misericordia divina. Virgen María, el camino por el que quisiera ir me sobrepasa, es muy difícil para mí, soy demasiado indolente. Sé que si experimento la prueba de fe, del abandono por parte de Dios, no seré capaz de superarla. Por eso te pido, que Tú en mí y por mí confíes en la presencia de Dios junto a mí. Que Tú en mí y por mí lo adores, pues sin Ti no podría hacerlo. María ora por mí, Tú misma espera en mí la Eucaristía. Tú misma vive en mí. Concédeme la gracia de poder llegar a decir, gracias María, porque en mí y por mí oras, porque en mí y por mí, miras con amor a tu Hijo oculto en el Santísimo Sacramento, porque en mí y por mí esperas la Eucaristía y participas en Ella, porque en mí y por mí vives, porque en mí y por mí te arrepientes, porque en mí y por mí caminas en las sendas del Señor, porque en mí y por mí entregas y consagras todo cuanto tengo y cuanto soy al Señor. Porque en mí y por mí eres voluntad y unidad con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Virgen María, te doy gracias, porque en mí y por mí trabajas, porque en mí escuchas a aquellos con quienes converso, porque en mí oras por ellos y les sonríes. Porque en mí y por mí, en un abraso de amor, me reconcilias con tu buen Jesús, porque en mí y por mí todo lo puedo a través de tu hijo Jesús en Ti. Madre mía, Tú ves que soy un abismo de miseria, de pecado y de infidelidad, pero Tú puedes hacer que también haya en mí un abismo de gratitud confiada, no mía si no tuya. Te doy gracias porque por medio de la Comunión de Vida contigo, llamas con confianza al abismo de la misericordia divina. Gracias Madre mía, por aceptar mi entrega. Gracias María, porque Tú en mí y en tu amor y en tu gracia soy Santo(a) en Ti. Amén, Amén, Amén.
MI CONSAGRACIÓN DIARIA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
Madre Santísima, Madre de Dios y Madre mía, hoy me presento ante Ti para consagrarte toda mi vida y todo mi ser a tu Inmaculado Corazón.
Te entrego cada uno de mis órganos, miembros, sentidos, inconsciente y subconsciente. Te entrego cada una de las potencias de mi alma, la memoria, el entendimiento y la voluntad.
Te consagro cada uno de los dones, virtudes y carismas con que el Padre Creador ha adornado mi ser, mi libertad, mi imaginación, mis instintos, mi capacidad para amar y para elegir, mi capacidad de movimiento y de ubicación en el tiempo y en el espacio.
Té entrego, también, Madre mía, refugio de pecadores, lo único que verdaderamente me pertenece, mi pecado y el de todos los hombres, y te ruego que por tu intercesión lo presentes a tu Hijo Santísimo, para que Él lo consuma en el fuego de su Amor.
Acepto desde hoy y para siempre Madre mía, toda mi vida, toda mi historia, como parte de mi historia de salvación, y para que no sea un simple acto de aceptación, te la ofrezco como holocausto de amor y oblación, y para ello te consagro todo el tiempo pasado en el vientre de mi madre, todas la heridas que pude haber recibido en el vientre de ella, así como también cada una de las taras genealógicas que pude haber heredado de mis antepasados, porque, es en tu Corazón Inmaculado donde podrán encontrar su rompimiento y sanación.
Te consagro y entrego Madre mía todo el tiempo de mi niñez, adolescencia, juventud, madurez y vejez, todos mis ideales presentes: familia, oración, trabajo, estudio, descanso, amistades, diversiones, esperanzas y proyectos, para que en lo futuro encuentren su realización según la Voluntad del Padre Celestial.
En fin Madre, a tu Inmaculado Corazón consagro todo lo que tengo, todo lo que soy, para que Tú, según Tu beneplácito dispongas de mi vida, entregándola al Santo de los Santos, al Altísimo, al que con el Hijo y el Espíritu Santo, es Uno y Trino, Trinidad Santa, de quien Tú Señora, eres la esclava por amor. Aséame como hijo y posesión tuya. Vísteme con los ropajes de la gracia como vestiste a tu Jesús. Entrégame a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo, rogándoles que hagan de mí una criatura nueva, una verdadera imagen de Jesús y tuya; y ya que soy todo tuyo, guárdame y defiéndeme como hijo vuestro, hasta que me lleves al cielo.
Madre mía para que el triunfo de tu Inmaculado Corazón y el reinado del Sagrado Corazón de tu Hijo Jesús sea una pronta realidad en este mundo, cuenta conmigo. Amén.
CONSAGRACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA
Señora mía, santa María, lleno de confianza en Ti y en tu santa protección me acojo desde hoy y para siempre en el seno de tu misericordia. Te consagro mi alma y mi cuerpo para que los guardes a la hora de mi muerte. En tus manos pongo mis esperanzas y consuelos, mis penas y miserias, el curso y fin de mi vida, para que por tu santísima intercesión y méritos, todas mis obras se hagan según tu voluntad y la de tu Hijo. Amén.
CONSAGRACIÓN DE SÍ MISMO A JESUCRISTO, SABIDURÍA ENCARNADA, POR MEDIO DE MARÍA (San Luis María Grignion de Monfort)
Oh, Sabiduría Eterna y encarnada te adoro presente en la gloria del Padre durante la eternidad y presente en María desde el tiempo de la Encarnación. Te agradezco que hayas venido al mundo, y te hayas hecho humano entre los humanos, servidor del Padre, para librarnos de la esclavitud del pecado. Lástima grande que por mi ingratitud e infidelidad no he cumplido las promesas del Santo Bautismo. Yo no soy digno de llamarme hijo tuyo, ni siquiera tu servidor.
Y en mi hay mucha maldad que merece tu repulsa y tu indignación. Por eso no me atrevo a acercarme directamente a tu Santísima Majestad. Es por ello que acudo a la intercesión de tu Santísima Madre, que me has dado como Mediadora ante Ti, y por su ayuda e intercesión espero alcanzar la contrición y el perdón de todos mis pecados, y una continua común unión contigo en santa amistad y la conservación de la Sabiduría. Te saludo pues - Oh María Inmaculada, templo viviente de la divinidad, en donde la Sabiduría Eterna, escondida, ha puesto su morada para recibir la adoración de los Ángeles y de los seres humanos. Te saludo, Oh Reina del cielo y de la tierra. A Ti están sometidas todas las criaturas. Te saludo, Oh Refugio seguro de los pecadores, cuya misericordia no falta a nadie. Te pido que escuches favorablemente los deseos que tengo de recibir la Divina Sabiduría, y que recibas mi consagración total.
Yo N.N. pecador infiel, renuevo hoy y ratifico en tus manos las promesas y compromisos del día de mi Bautismo. Renuncio a Satanás, y a sus seducciones y a sus obras, y me consagro por completo a Jesucristo que es la Sabiduría encarnada, para llevar en su seguimiento la cruz de mis sufrimientos de cada día, hasta el final de mi vida.
Te elijo hoy y te reconozco Oh María; en presencia de la Iglesia militante y de la Iglesia triunfante, como mi Madre y Soberana. Te ofrezco y consagro mi persona, mi vida, mi cuerpo y mi alma, mis bienes internos y exteriores, y el valor de mis buenas acciones pasadas, presentes y futuras, todo en calidad de servidor tuyo, para que dispongas de mí y de cuanto me pertenece, sin reserva, según tu amable parecer, para la mayor gloria de Dios, en el tiempo y en la eternidad.
Recibe Oh Virgen amabilísima esta humilde ofrenda de mi servidumbre, en honor y en unión a la humilde obediencia que el Hijo de Dios tuvo hacia Ti, como a Madre Santísima. Todo lo ofrezco en homenaje al poder que ambos tenéis sobre este pobre y miserable pecador, y en acción de gracias por los privilegios con que la Santísima Trinidad te ha favorecido. Me propongo que de ahora en adelante como verdadero servidor tuyo, procurar‚ aumentar el aprecio que otros te tengan, y obedecer tus santas inspiraciones.
Oh Madre admirable: preséntame a tu querido Hijo, en calidad de humilde servidor, a fin de que ya que Él me redimió viniendo por medio de ti al mundo, ahora me reciba también por medio de Tí.
Oh Madre de misericordia: concédeme la gracia de conseguir la verdadera Sabiduría de Dios y de colocarme entre los que Tú más amas, entre los que más enseñas y mejor conduces y proteges; entre Tus hijos y servidores preferidos.
Oh Virgen fiel: concédeme la gracia de ser en todas las cosas tan fiel discípulo y tan buen imitador y servidor de la Sabiduría Eterna, Jesucristo, tu Hijo, que llegue por tu intercesión y a ejemplo tuyo a la plenitud de la amistad con Él en la tierra y a su gloria eterna en los cielos. Amén.
PEQUEÑA CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN TRIUNFO DEL TERCER MILENIO (Obra María Madre de la Unidad)
Al despertar del amanecer de tu Triunfo, nosotros, tus hijos unidos en la respuesta a tu llamada maternal, hacemos nuestra promesa de consagración a tu Inmaculado Corazón, y así participar de tu Triunfo en este Tercer Milenio.
Reina de los Apóstoles, Co-Redentora, guíanos en medio de la oscuridad de este tiempo, donde los rayos de tu amanecer vienen a darle luz a nuestro horizonte. Con el refugio de tu Inmaculado Corazón como nuestro faro, mándanos a los campos de esta batalla con la espada de verdad y la coraza de la virtud, para ser ejemplo de la infinita misericordia y amor de Dios Padre.
Te prometemos, Madre nuestra, fidelidad al Santo Padre, como representante de Cristo entre nosotros. Que esta consagración le dé, por la unidad de nuestros corazones, mentes y almas, la fortaleza para llevar a realidad el Triunfo de Tu Inmaculado Corazón en este Tercer Milenio, para que tu amor y unidad pueda descender sobre la tierra bajo su pontificado.
Como un apóstol de la unidad, para el Triunfo, te prometo, Madre, ser testigo de la presencia real de tu Hijo en la Sagrada Eucaristía, nuestra fuerza unificante.
Yo, N.N., tu hijo, en presencia de todos los ángeles que acompañan a esta Sagrada Imagen de tu Inmaculado Corazón, Triunfo del Tercer Milenio, de todos los santos del cielo y en unión con la Santa Madre Iglesia, renuevo en tus manos los votos del Bautismo. Te ofrezco, querida Madre, todo mi pasado, presente y futuro, alegrías y tristezas, oraciones y sacrificios, todo lo que soy y todo lo que el Padre en Su Divina Voluntad moldee en mí.
Te doy, Madre, mi amor y compromiso para que siempre, por medio de la unidad, te dé en el SÍ de la eternidad y viva en las profundidades de Tu Triunfante Inmaculado Corazón.
Tú, Señora mía, dígnate derramar las gracias prometidas por medio de esta imagen, sobre mi familia, mi ciudad y mi país. Amén.
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA (Fray Tomas de Jesús Becerra Tello o.f.m)
He aquí mi corazón mi buena madre, Tomadlo que voz recurre buscando reposo. Cansado de oír los va- nos rumores de esta tierra vengo a escuchar vuestras secretas palabras llenas para mí de encanto.
Amo tanto la corona inmortal que adorna vuestra frente como vuestra sonrisa tan dulce, vuestra mirada tan maternal; mientras más os contemplo madre mía me parecéis más bella.
Aquí vengo a depositar a vuestros pies mi corazón, bien conocéis su inconstancia. Daos prisa a tomarlo porque tal vez esta misma noche no estará ya en mi poder y lágrimas me costara recuperarlo.
Tomadlo y guardadlo dentro del vuestro y si en adelante os lo volviese a pedir alguna vez no me lo entreguéis, decidme que es vuestro para siempre.
Hacedme puro a vuestros ojos, dadme la inocencia, un corazón grande para amaros y vuestro maternal regazo para dormir. Dadme la Fe, la esperanza y la caridad, virtudes en esta vida y una santa muerte.
Cuando mis pasos bajen a la tumba; cuando mis labios hallan gustado el cáliz de la amargura. Dadme entonces las alas de la aploma y salid a recibirme a las puertas del cielo.
Virgen Santísima, Inmaculada Madre de Dios y Madre mía. Yo me consagro desde hoy y para siempre a vos y prometo guardar castidad en pensamientos, palabras, obras y deseos. Y para asegurarme de estos santos propósitos os pido vuestra santa bendición.
Bendecidme Hija del Padre y libradme de los malos pensamientos.
Bendecidme Madre del Hijo y libradme de las malas palabras.
Bendecidme Esposa del Espíritu Santo y libradme de los malos deseos y de las malas obras.
Bendecid en fin Madre mía todos y cada uno de los instantes de mi vida que consagro a vos.
Virgen Santísima acordaos que soy vuestro para siempre, no me desamparéis en la vida y en la muerte y en este día dadme vuestra santa bendición.
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